lunes, 2 de junio de 2008

Carta de un joven psicólogo a nuevos padres

Buenos días señores y señoras. Hoy les quisiera contar como verá el mundo su hijo cuando nazca. En estos momentos en los que vosotras las madres lleváis un niño dentro, el cual ya puede oíros a través del líquido amniótico y sentir los estados de ánimo de la madre, os preparáis para recibir a un niño que será vuestro hijo y al que tenéis la responsabilidad de traer a la vida.
Los niños vienen sin instrucciones, pero vosotras madres tenéis sin duda las mejores herramientas, junto con las capacidades del niño, para sacarlo adelante con las máximas garantías. También hay que tener en cuenta las necesidades del niño, que sin duda atenderemos mejor si primero conocemos sus capacidades.
El niño parte desde el kilómetro 0 en el momento de su nacimiento, pero hay que tener en cuenta sus capacidades de serie: los llamados reflejos, necesarios para su supervivencia, estos son el reflejo de presión, en el que cerrará sus manitas si le ponemos el dedo, el reflejo de búsqueda de sensaciones y su tendencia a responder a la estimulación. Otro reflejo es el de Moro o del abrazo, que responde cuando se le asusta. Pero el más importante es el de succión, pues sin él sería imposible alimentarlo por medios naturales y antiguamente moría inevitablemente, hoy día sobreviviría con una sonda en el estomago. Otra característica de este reflejo es su importancia para la comunicación madre-hijo, ya que el bebé impone un ritmo de succión a su madre, el bebé hará pausas entre las succiones en las que la madre interactúa con su niño, es decir, mantiene una conversación en toda regla con su niño.
Respecto a las sensaciones que percibe el recién nacido, que muchos de ustedes se preguntan por ellas, sí pueden oír, ya se lo he dicho, incluso antes del nacimiento. También pueden ver desde el momento del nacimiento. El bebé discriminará los cambios de temperatura y olerá. A los pocos días distinguirá el olor de su madre del de otras personas.
También hay que saber que el niño viene preorientado socialmente a los de su especie, es decir, los humanos. Esta preferencia de distingue en todas sus percepciones: la vista, pues le gustarán las caras humanas, sobre todo si son sonrientes. Le encantará la voz humana, sobre todo si es conocida, como la de ustedes. Distinguirá su olor del de otras personas y sus caricias.
Nunca dejará de sorprenderles la capacidad de aprender de su bebe. A las pocas horas de su nacimiento podrá imitarles sacándoles la lengua. Tampoco dejarán de sorprenderse con sus habilidades para imitar sus emociones, si usted esta alegre, su bebé reirá con usted, pero póngale cara de enfado y llorará, incluso estando triste su bebe se volverá triste.
Son un espejo de nuestro estado de ánimo.

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